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Lecciones de Martina: escaleras al cielo

Natalia SarroNatalia Sarro

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.”

Jean- Jacques Rousseau, filósofo francés.  

Es domingo y juego a cocinar con Martina, mi sobrina de 4 años. Estamos en su casita de juguete. Hago que juego, hago de cuenta que estoy concentrada en ese plato imaginario de pollo con puré que apoyamos en la mesa de aire, hago de cuenta que no necesito nada más que esas sonrisas que le crecen de la boca como soles. 

Pero hoy no puedo.

Mi mirada flota perdida, más allá de los platos, lejos del juego, como buscando otra cosa.  Es muy pronto y todavía duele. Entonces, las manitos de la petisa se alejan de las sartenes y ollas que habíamos inventado. La veo arrodillarse frente a mí y mirarme fijo a los ojos. Ella necesita arrodillarse para ponerse a mi altura, porque hay veces que me distraigo y no entiendo. Hay veces que me falta la sabiduría de los 4 años. Hay veces en que me porto mal y no soy lo suficientemente niña como para escuchar lo que iba a venir un momento después.

Tía, ¿de quién es esa cadenita? – me pregunta, mirando la medallita de plata que cuelga de mi cuello.

  Esta cadenita era del nonito Francisco, y ahora la tengo yo – le respondo, haciendo referencia a mi nono querido, su bisabuelo.

– ¿ Y por qué la tenés vos?

– Y bueno… porque el nonito se fue al cielo, entonces me la dio.

Ah. – hace silencio. – En el cielo también está la nonita porque le dolía la panza y estaba enferma, ¿no?

Claro, pero ahora se sienten bien. Están los dos juntos allá arriba, cuidándonos. Así que cada vez que quieras saludarlos, vos salí al patio, mirá a las estrellas y deciles: “¡Hoooola Nonitos!”.

– Pero yo quiero ir ahí arriba. Yo la puedo curar a la nonita.

– Ay hija… es que no podemos. El cielo queda muuuy alto.

Martina hace una pausa, de esas que clavan en seco al mundo y a todos los que corremos como locos arriba de él. Martina no habla y parece que el silencio va a durar dos o tres eternidades: las necesarias para que emerja un universo nuevo entre nosotras. 

Finalmente, ella tiene algo que decir. La voy a ver alzar las cejas, entusiasmada. Martina tiene ahora una idea:

Pero… papá tiene una escalera muuuy alta. ¿Y si se la pedimos y subimos a ver a los nonitos?

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Licenciada en Psicología. Coach de Pasión, Carrera & Creatividad. Escritora Nómada. Contacto: natalia@inspiramundo.com

Comentarios 3
  • Ana Maria
    Publicado en

    Ana Maria Ana Maria

    Responder Autor

    Excelete Naty , gracias por compartir tus cuentos reales. felicitaciones. espero tu libro de cuento sobrina. Ya te lo vengo pidiendo cuando tenias 10 añitos. Ya es hora .


  • ale
    Publicado en

    ale ale

    Responder Autor

    yo tambien quiero una escalera largalarga y grande para alcanzarlos
    se los extraña
    🙂


    • Natalia Sarro
      Publicado en

      Natalia Sarro Natalia Sarro

      Responder Autor

      Tenés la mejor hija del mundo (y la más pilla). Sabelo.
      Gracias por hacerme tía de Martina =)