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Wellington nunca fue un lugar (o el día en que me despedí de vos)

Natalia SarroNatalia Sarro

Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.
A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.”

-Konstantino Petros Fotiadis Kavafis

Wellington no es un lugar - Inspiramundo - 5

10 Julio 2015 – 178 Cuba Street, Wellington. Nueva Zelanda

Entro. Me acomodo en una mesa mirando hacia la ventana. Pido la compañía usual para estos casos: café con leche en vaso de vidrio, espuma con dibujos y marshmallows rosados. Detrás mío una nena corre entre las mesas y  se estrella una cuchara contra el suelo. Creo que suena un reggae. Sin embargo, yo solo tengo oído para una voz azul que insiste desde mis pulmones. “Dale, viniste por el R-I-T-U-A-L”, me dice. 

Corro la taza y despliego sobre la mesa a mis amigos de turno. Hoy toca “El Mago de Oz” y “Cartas en Tránsito”.  Al lado, la piedra amatista que me dará fuerza para lo que se viene.

Wellington no es un lugar - Inspiramundo - 1

Hay cientos de bares en esta ciudad que se cae al mar, pero yo vine a éste. Vamos, al de siempre, al que echó raíces en mi cabeza desde aquella vez que vine con un hombre.  Envuelta bajo mi gorro de lana, siento el frío de Julio latir en las veredas de Oceanía.  En la puerta, un cartel anuncia “178 Cuba Street –  Midnight Espresso”.

Bienvenidos a la majestuosa windy Welli: la capital mundial del Verbo.

Wellington no es un lugar - Inspiramundo - 3

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Wellington no es un lugar - Inspiramundo - 2

Y es que esta capital isleña no es solo ciudad, sino una sucursal de un mundo viejo que vine a dejar.  Aclaremos. Esto no es un viaje: sino un partido de ajedrez con mi cabeza.  

Wellington no será un lugar, sino una sensación de dos caras. Como una espina punzante dividiendo mis memorias en belleza y espanto por igual, volver a Wellington será una muerte dulce, pero que acaricia y hace tanta falta.

Dicen que los rituales son puentes de pasaje a otra cosa. Los rituales te conducen hacia el infinito de lo que te espera, y recurrís a ellos cuando necesitás desesperadamente que eso que te estaba esperando, por fin suceda.  Cuando sabés con insoportable certeza que sí, que es hora de moverte de  un “acá” que ya no te necesita hacia algún “allá” gigante que te merece.

Sin ritual, las cosas buenas no te nacen. Sin ritual, tus ayeres piden otra ronda, y otra, y otra, y otra, demorándote en un loop rancio y podrido donde se te marean las ganas de futuro. Entonces,  así como algunos visitan las tumbas de sus muertos, y elevan oraciones de gratitud por aquel que vivió, yo me tomé un avión, entré a Midnight Espresso y me puse a escribir.

En este viaje – ritual, en vez de calas blancas sobre un cajón,  dejo una corona de versos y metáforas sobre el cuerpo de esta ciudad. En vez de llanto,  una sonrisa donde entramos los dos, y una copa de café a la salud de los que ya no seremos.

Esta fue mi forma de volver sin molestar: escribirte desde el país que tanto amamos.

Vamos. Pregunten… ¿no era más conveniente y prolijo enterrar a tus muertos en el patio de tu casa?

No. Carajo no.

Ahí no estaba lista.

Ahí todavía no había un cuerpo capaz de sostener la alquimia de la despedida.

Hacía falta inventarse un norte e ir, a cara de perro. Wellington tuvo que ser ese norte, esa ansiada Itaca.

Sin Itaca, no habría peregrinación de 13.000 kilómetros de Buenos Aires a Wellington.

Y sin peregrinación no habría necesidad de despojarme de la casita de Buenos Aires, ni de armar mochila, ni de abrazar a mis viejos, ni cruzarme tanta gente y aprender tantas lecciones, hasta aterrizar en una isla y descubrirme el hogar por dentro. A veces, todo lo que necesitamos es una bocanada de café y viento para volver a respirar. A veces, al futuro se llega solo volviendo al pasado.

Wellington, que quede claro, nunca fue un lugar, sino una memoria que beso en la frente para que descanse en paz. Wellington, capital mundial de la acción, el movimiento y el amor, es ahora el símbolo de la impermanencia de las cosas.   El punto tembloroso de unión entre esa chica que vino acompañada y la mujer que ahora se va sola.

Y es que van a pasar los años, tus hijos (que no serán los míos), los amores nuevos, la muerte de nuestros padres, los mares bajo los pies, los escenarios a los que voy a subirme sin vos. Van a suceder las ciudades, los libros, las cucharas que oiremos caer en otros bares. 

Pero qué belleza: hay una versión tan nuestra, tan vos y yo, que todavía camina por las calles de Cuba Street.

Wellington no es un lugar - Inspiramundo - 4

Licenciada en Psicología. Coach de Pasión, Carrera & Creatividad. Escritora Nómada. Contacto: natalia@inspiramundo.com

Comentarios 4
  • Pily Arrieta
    Publicado en

    Pily Arrieta Pily Arrieta

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    Nati! Que hermoso volver a leerte!! Me venia preguntando cómo estaria siendo este viaje. Pareceria que muy sanador. Brindo por eso! Un beso grande!


    • Natalia Sarro
      Publicado en

      Natalia Sarro Natalia Sarro

      Responder Autor

      Pily, qué linda sorpresa! Vos sabés que estos días justo venía pensando en vos?
      Este viaje? Antes Australia, desoués unas semanas en Argentina y ahora “yirando” por Europa.
      Muchas etapas, todas necesarias y cada vez más lindas!
      Abrazos colega!
      Naty


  • edtorsan
    Publicado en

    edtorsan edtorsan

    Responder Autor

    Amo este poema de Kavafis. Amo tus letras y tu proyecto.


    • Natalia Sarro
      Publicado en

      Natalia Sarro Natalia Sarro

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      Hola Edtorsan
      Gracias de corazón! Poemazo, no?. Se lo puede leer directo, entre líneas, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo.
      Y cada vez se le encuentra un sentido nuevo.
      Abrazos
      =)
      Naty