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AMO VIAJAR MUY POCAS VECES (o el privilegio de la luz)

Natalia SarroNatalia Sarro

Hace tantas lunas que viajo, que a veces me canso. Peor aún: quiero gritar basta. Me fastidio de la no-casa, me harto de mis pies gitanos atravesando hemisferios, y nostalgeo a mares el corazón con raíces.
Pero sabé algo. Si pudiese llevarme una sola lección del mundo de los nómades al universo de los quietos, sería esto.
El privilegio de la luz.
El cosquilleo de limón y jazmín en la panza cuando vivo algo por primera vez. Que será también la última.
¿Sabés de qué te hablo, no?
***
Amo viajar muy pocas veces. Por ejemplo, cuando me acuerdo que estoy viajando. Y son tan tuyas y soleadas las cosas cuando las dejás tranquilas.
Cuando le permitís a las cosas que tomen la forma que las cosas quieren. No las que tu cabeza decretó arbitrariamente, sino las que te hacen falta.
Cuando los lugares y las personas no te deben nada, te volviste dueño de todo.
Probalo.
Por ejemplo, ayer compré una ronda de rayos atardeciendo en un balcón infinito de Uruguay. Y antes de eso fui dueña de una ventana con perfume de naranjos en Calabria. Y antes de ese antes, puse a mi nombre un acantilado de olas rugientes en Sydney.
Todo lo que amé, ahora es mío.
¿Contaste cuántas vidas dura un atardecer en Sicilia? ¿De qué están hechas las sonrisas de los nenes que te miran en los autobuses de San Pablo? ¿Qué sabor tiene un cielo de verano si le toca nacer en Montevideo?
Es brutal y mágica mi verdad. Soy tan efímera.
Dos segundos y pum: algún día vos también serás historia. O partícula de universo recordándose a sí misma que alguna vez fue materia y amor. Qué se yo.
***
Amo viajar muy pocas veces. Por ejemplo, hoy. Hoy que ya no juzgo los kilómetros de ripio y duelo que caminé, ni las mudanzas que me faltan. Sigo sin ser dueña del suelo que piso. Ni siquiera de un placard para mi ropa. Pero no me importa, porque estoy vestida de todas las orillas azuladas donde alguien escribió mi nombre.

Tengo el privilegio de la luz muchachos. Soy un microsegundo de poesía entre olvido y olvido. O dos minutos galopando una ciudad de hombres y mujeres abrazando a esta extranjera como si fuera hermana.
Amo saberme viajera, que es otra forma de saberme viva y fugaz, solitaria y gigante. Y es que lo veo tan claro. Mientras escribo esto, y vos me leés, los dos nos vamos convirtiendo en pedacitos de tiempo perdido. Ya casi somos sepia. ¿No lo ves? El ahora es una soberana fiesta, y los dos estamos invitados.
***
Amo viajar muy pocas veces. Por ejemplo hoy, que tengo el privilegio indeclinable de la palabra, los perros que ladran en el parque y la poesía de la murga. Por sobre todo, tengo derecho a este par de manos que abrazan el mundo.

Manos que levantan muros y puentes, que buscan, que descifran la piel de la gente al tocarla.

Manos que algún día perderán sus fuerzas y dejarán de amar.

Pero hoy no.

Licenciada en Psicología. Coach de Pasión, Carrera & Creatividad. Escritora Nómada. Contacto: natalia@inspiramundo.com

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