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DE ESCRIBIR NO SE VUELVE

Natalia SarroNatalia Sarro

Abel Pintos
«Cuando amo, escribo por el miedo de olvidar el deseo. Cuando sufro, escribo para desear el olvido.» ~ Fabricio Carpinejar, poeta brasileño.

Dos hombres sentados frente a frente en un estudio de grabación. De un lado,  el periodista Lalo Mir, disparando preguntas. Del otro, el cantante argentino Abel Pintos, defendiéndose apenas con guitarra, mirada inocente y una voz de pura humanidad, que pronto sería la voz de todos.

Lalo le preguntó a Abel cómo era posible que se siguiera emocionando al cantar una y otra vez las canciones que componía, repitiendo las mismas letras hasta el cansancio.

Abel miraba al suelo con ojos de niño. Pero cuando levantó la mirada,  sus ojos ya eran los de un viejo sabio. Y lo supe porque respondió con una pregunta que dejó a todos boquiabiertos:

 “¿De tantas veces decirle «te quiero» a alguien … ¿perdés la emoción?»

Lalo no dijo nada. El universo tampoco. ¿Qué sonido sobre la faz de la tierra se hubiera animado a romper el silencio de las verdades? Ahí mismo, las almas de dos hombres se estaban encontrando.

Y Abel siguió:

“No, eso no pasa. No perdés la emoción. No podés escapar del sentimiento cuando le estás entregando tus propias palabras a alguien”.

Cuando escuché a Abel, comprendí que su mensaje tenía que llegar lo más lejos que fuese capaz de llegar. Es decir, muy adentro de todo ser humano que alguna vez haya descubierto el extraño placer de las palabras.

Empezando por mí, claro.

¿Y saben por qué? Porque esta manía de escribir es una manía de muchos. Y es emocionante.

Desde los 8 años soy adicta a las palabras. Me acuerdo porque un día empecé a buscarlas por todos lados: en los libros, en los carteles, en el hilito de luz entre los árboles, en la forma de las nubes.

Y si no las busco, duermo tranquila, porque sé que igual ellas me están buscando a mí. Y me asaltan antes de salir de la cama, a tientas en la oscuridad, con calma y con furia, con frío y con abrazos, a destiempo, de a ratos, a solas y en las multitudes.

¿No lo notaron? Las palabras son las dueñas de la pelota hasta cuando no dicen nada. Están latiendo en las gargantas del que se va,  en la mirada cómplice de dos que coinciden por primera vez, en los silencios del amor roto, en los 3 cm infinitos que separan una mano de una carta que no querés que se termine.

De escribir no se vuelve - Inspiramundo

¿Alguien sabe cómo se vive sin tejer un puño de letras alrededor de sí mismo? Yo no. Por eso si no encuentro palabras, las invento y listo.  Las escribo para mí, para nadie y para todos los que ya saben que cuando decimos, el mundo empieza a cobrar sentido.

¿Y cuándo es que se nos da por escribir?

Si a cada roto le llega su descosido, igualito,  a cada momento de la vida le calza perfecto una palabra bien escrita.

Hay momentos en que escribimos para no morir del todo.  Porque con cada palabra que soltamos,  le abrimos la jaula al pasado.  Y cometemos un suicidio necesario para separarnos con serenidad de ese yo que alguna vez fuimos. Y sabrán lo sublime que se siente cuando la cabeza por fin se vacía y volvemos a la belleza del momento presente.

En otros momentos, escribimos  para construir puentes. Voluntaria y vulnerablemente, saltamos al vacío, volcamos el corazón en un correo y apretamos «enter». Y entonces decimos  te quiero a quien nos quiere, y por qué no, al que no nos quiere también. La palabra no discrimina.

Perdonamos al que no nos cuidó, y también le damos gracias infinitas a quien nos toca el alma e insiste en construir con nosotros desde el amor.

No sé quién inventó las palabras. Pero qué adicción maravillosa esto de tender puentes de letra desde tu centro hasta el centro de los otros, y generar una reacción química que lo transforma todo, todo.

Porque en el preciso instante en que descubrís que tenés el poder de ponerte a vos mismo en palabras, te das cuenta de que solo compraste boleto de ida.

Sabelo.  Las personas somos capaces de curarnos de casi todo:  de un hueso fracturado, de un corazón roto, y algunos hasta dicen volver de la muerte.

¿Pero de escribir?

Imposible. De escribir no se vuelve.

Licenciada en Psicología. Coach de Pasión, Carrera & Creatividad. Escritora Nómada. Contacto: natalia@inspiramundo.com

Comentarios 6
  • antuz
    Publicado en

    antuz antuz

    Responder Autor

    Qué lindo post Nati! Me encantó!!


  • Carlos Murua
    Publicado en

    Carlos Murua Carlos Murua

    Responder Autor

    Natalia, es difícil poner en «palabras» lo que viví al leer tu nota. Pero si te comparto que me sentí tan identificado con tu escrito, que no podía creer que hayas puesto en palabras tantos pensamientos compartidos, que seguramente no son ni tuyos ni míos. Un fuerte abrazo! y Gracias!


  • Fer
    Publicado en

    Fer Fer

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    ¿Será por eso que los conjuros se hacen con palabras?

    Las palabras nos desnudan; Cuando escribo mis palabras me muestran todas mis debilidades, vanalidades, desperfectos y errores, brindándome un regalo de necesaria humildad, como diciendo viste, sos esto y solo esto, nada más.


  • elflacosolitario19
    Publicado en

    elflacosolitario19 elflacosolitario19

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    Natalia, felicidades, excelente post, muy bueno, enserio. Me tocó una fibra sensible, y supongo que es por que me identifico con lo que escribes. De lo que escribiste, lo que mas me llegó fue, y te citó:

    «Hay momentos en que escribimos para no morir del todo. Porque con cada palabra que soltamos, le abrimos la jaula al pasado. Y cometemos un suicidio necesario para separarnos con serenidad de ese yo que alguna vez fuimos. Y sabrán lo sublime que se siente cuando la cabeza por fin se vacía y volvemos a la belleza del momento presente».

    Da la casualidad, de que en este momento estoy pasando un momento crucial o de transición en mi vida y leer tu escrito, me hizo sentirme un poco melancólico. «Recordar es volver a vivir»,

    Gracias por recordarme que el pasado fue hermoso.. pero vienen tiempos mejores

    Saludos de un muchacho sensible desde México.


    • Natalia Sarro
      Publicado en

      Natalia Sarro Natalia Sarro

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      Gracias Juan Carlos!
      El pasado fue hermoso, y seguramente todo lo que te/ nos sucede tuvo que haber sucedido, para llegar a convertirnos en quienes hoy somos.
      Y a la vez, poder ver los episodios difíciles del pasado como maestros, y no como una suma de frustraciones o fracasos es uno de los desafíos más grandes, y a la vez de los más necesarios, no?

      Gracias por compartir.
      Un abrazo hasta México!
      Naty Sarro